lunes, 29 de enero de 2007

Tortillas

La tortilla es la base de la alimentación de los mexicanos y aún más de los 18 millones de pobres que viven con cerca de tres dólares al día. Pero el maiz no sólo constituye el producto central de la comida; también resulta un punto sensible en materia política y social. Por ello, que haya subido de manera brutal el precio de la tortilla, en un escenario de caída del petróleo, sólo dos meses después de haber asumido Felipe Calderón como Presidente, no es poca cosa.

La dependencia de la economía a estos dos productos es sustantiva y por eso cualquier decisión que se tome sobre ellos puede afectar la gobernabilidad del país. Los signos de una inflación alta en el futuro inmediato parecen claros y la potencial intervención del gobierno en la economía también, aún cuando Calderón defienda medidas neoliberales. Su intervención sobre el precio del maíz le ha colocado en una situación complicada, sobre todo porque ganó la elección prometiendo empleo, en un contexto crítico, con claros cuestionamientos a su legitimidad y aún no ha conseguido erigirse como un árbitro entre actores sociales con intereses diversos ni como un líder capaz de conducir al país ni a su propio partido.

Las razones que han llevado al incremento del precio del máiz pueden ser múltiples. Pero hay una que me ha llamado la atención. Me contaba un amigo en el Bar de la Facultad de Derecho que la cuestión tiene que ver con la decisión de Estados Unidos de usar el etanol como aditivo. El abastecimiento de plantas de biocombustibles con granos de maiz, con la intención de reemplazar al petróleo, ha reducido el nivel de reservas de ese cereal en el país del norte y ha impactado en los mercados del que está al sur. Es más, desde 2005, cuando se tomó esa decisión, el precio ha crecido más del doble. Así que en el fondo es una clara situación de efecto rebote de un mundo globalizado: las medidas que toma un país afectan a todos y, claramente, a sus vecinos.

El Presidente Calderón se está jugando una parte del escaso capital político que tiene y aún queda por saber hasta qué punto será capaz de conseguir un pacto entre diversos sectores que le permita mostrar su habilidad para enfrentar y superar este tipo de problemas. La crisis de la tortilla ha dado en la diana de su capacidad de liderazgo . Si los sectores involucrados no respetan el precio tope puesto por el gobierno (8 dólares el kilo), será muy difícil que en el futuro se celebren pactos que impulse el Presidente.

México se enfrenta a los desafíos del sexenio foxista: cómo llevar adelante las reformas económicas y sociales necesarias con un gobierno que tiene minoría legislativa. La habilidad del Presidente para convocar y garantizar acuerdos será clave para poner en práctica esas reformas. Aún cuando la gobernabilidad del país dependerá del petróleo, del maíz, de la economía y la política norteamericana; el margen de maniobra que el propio Calderón y su partido consigan proyectar serán claves en un mundo cada vez más globalizado.

Publicado en Tribuna de Salamanca, el 25 de enero de 2007.