domingo, mayo 06, 2007

Pasiones Turcas

La creciente tensión entre el jefe de gobierno turco Recept Tayyip Erdogan y la cúpula militar sobre el nombramiento como presidente de Abdulá Gül es la escenificación de las grandes contradicciones de un país que pone a prueba en estos días la solidez democrática de sus instituciones en el contexto de las negociaciones de entrada a la Unión Europea.

Por una parte, dos políticos con toda la legitimidad democrática, reconocimiento internacional y gran apoyo popular, que han sido en los últimos años los artífices de grandes reformas económicas y sociales, que han mejorado notablemente la economía turca y modernizado el país, y que han iniciado las negociaciones de adhesión a la Unión Europea, siendo dentro y fuera del país los combativos contra una Europa sólo cristiana e impulsora de fuertes reformas en materia de derechos humanos. La pertenencia a un partido islamista moderado no parece obstáculo para el europeísmo, quizás porque están mucho más cercanos a posiciones comparables a la democracia cristiana clásica europea que al integrismo islámico.

Por otra parte, está el omnipresente y poderoso ejército turco, garante del Estado laico fundado por Atatürk, que se resiste a ceder influencia e interviene en política, si es necesario dando Golpes de Estado y sin importarles la legitimidad democrática de los políticos elegidos en las urnas. De esta forma ha amenazando con derrocar al poder ante el nombramiento vía parlamentaria del presidente Gül, aludiendo a su papel protector del laicismo, incluso por encima de la democracia.

Entonces, paradojas de la vida, resulta que los islamistas moderados parecen más demócratas y europeístas que los viejos laicistas que, desde 1960 han hecho ya cuatro golpes, todos ellos en nombre de los principios que dieron origen al moderno Estado turco, después de la Primera Guerra Mundial.

La solución que se avecina, tras la resolución del Tribunal Constitucional, no parece más que un aplazamiento de la crisis ya que, si como ha pedido Erdogan, se elige de forma simultánea en elecciones presidente y primer ministro, la situación será muy similar a la actual. Pero si algo nos enseña la actualidad turca es el poco conocimiento que tenemos del mundo islámico en el que las cosas no son lo que parecen y habitualmente utilizamos estereotipos para definir realidades complejas.

Publicado en Tribuna de Salamanca el jueves 3 de mayo de 2007.

jueves, abril 19, 2007

¡SI!

Más del 80% de los votantes ecuatorianos respondió que está de acuerdo con que se convoque una Asamblea Constituyente con plenos poderes para que transforme el marco institucional del Estado y elabore una nueva Constitución. Con este apoyo masivo, la tesis de Rafael Correa recibió una contundente victoria, un jugoso regalo para sus primeros cien días de gobierno, convirtiéndose ante la opinión pública en un político que cumple con sus promesas en un país donde esto no es muy común.

La participación fue altísima. Votó el 71,4% de los 9 millones de electores y más de 5 apoyaron la tesis de cambio radical. Seguramente, esto será por algo. El modo irresponsable en que muchos políticos y ciudadanos se han comportado en los últimos años; los altos niveles de corrupción, clientelismo y patronazgo; la constante inestabilidad política; la confrontación y ausencia de diálogo; la cada vez mayor distancia entre ciudadanos y partidos así como el cambio constante de unos ciudadanos que critican hoy lo que han apoyado ayer, pueden ser algunas de las claves de este masivo apoyo a la Asamblea.

Esta no es la primera vez que se apuesta por cambiar las cosas a partir de reformar la Constitución. En sus 177 años de vida institucional, el país ha tenido más de 20 Constituciones, de las cuales algunas han tenido una vigencia menor a 2 años. Desde 1978 han sido innumerables los intentos de reforma política, configurando un sistema electoral ineficiente y volátil. Aún así, hoy una gran parte del electorado está convencido que la Constituyente será el espacio de resolución de todos sus males, cómo si para cambiar el comportamiento político poco cooperativo y oportunista de algunos sectores políticos, bastara con reformar leyes y Constituciones. El problema no está sólo en lo que se reforme, sino en las expectativas puestas en los efectos de esas reformas.

La experiencia no permite ser muy optimista, al menos por tres razones. Primero, porque en un contexto acostumbrado a violentar las reglas de juego, el cambio de las mismas no basta para mejorar el comportamiento de los actores. Segundo, porque la alianza entre los sectores que apoyaron la Asamblea es una problemática e inestable coalición contra natura. Junto a Correa está la izquierda (extrema y moderada), los indígenas y algunos viejos partidos (ID, PRE, MPD) mientras que del otro lado hay nuevos partidos de la mano de la clase política tradicional (PSP, PRIAN, PSC, UDC). Viejos y nuevos partidos se reparten de un lado a otro, indicando que la polarización no está sólo en la manera de hacer política sino en raíces más profundas que dividen el ya muy fragmentado sistema ecuatoriano. Existe un doble discurso y el rasero con que se miran las cosas depende de la mayoría de turno.

Tercero, el apoyo masivo supone una alta legitimidad para la Asamblea pero también un cheque en blanco para que Correa impulse un proyecto de corte excluyente y autoritario, que pregona la desaparición de unos partidos políticos, que más allá de su ineficiencia, son indispensables para la democracia. Lo que haga la oposición en las próximas semanas será clave, sobre todo para evitar la experiencia de las legislativas venezolanas. La baja cohesión y excesiva fragmentación de los partidos de oposición contribuye al fortalecimiento del gobierno y podría contribuir a fomentar la idea de que éste tiene amplios poderes para hacer cualquier cosa. De ser así, se estaría ante un nuevo ciclo de inestabilidad y conflicto político, a pesar de la euforia de estos días.

Publicado en Tribuna de Salamanca y en CADAL en abril de 2007.

Malvinas

Las Malvinas son argentinas. Así lo creemos miles de ciudadanos. Puede que algunos piensen que decir esto es puro nacionalismo retrógrado pero, aunque parezca políticamente incorrecto, es lo que creo y lo que siento. Las islitas son argentinas aunque hablen inglés. Y no hay mucho que discutir al respecto.

Dicho esto, no está demás resaltar que ante el intento de recuperación de las Malvinas por parte de los dictadores hace ya 25 años, hay veces que siento vergüenza y bastante indignación. Me preocupa el excesivo patriotismo histérico de algunos y la incoherencia de ciertos sectores. Mientras el 30 de marzo de 1982 las calles estaban repletas de manifestantes que exigía la salida de Galtieri y de los otros, el 2 de abril esas mismas calles les aclamaban y eran un solo grito: el del Himno de Malvinas (que muchos tuvimos que aprender de prisa y corriendo).

Los militares invadieron las islas como una manera de mantenerse en el poder. La decisión formó parte de una errónea percepción del conflicto y de las posibilidades de ambos bandos. Creían que la lejanía del Reino Unido haría que éste desestimara un contraataque a gran escala y que pasaría tiempo hasta que enviara refuerzos; se subestimó la relación de Estados Unidos con ellos; el papel de ambos en la OTAN y, fundamentalmente, como buenos dictadores olvidaron que 1982 era año electoral en Reino Unido, lo que hacía imposible que el gobierno pudiera salir humillado de este conflicto.

La gente creyó en esta Guerra absurda porque fue vista como vía de escape frente a la crisis económica, la atroz violación de los derechos humanos, el terrorismo de Estado y la incertidumbre. Y, también, como una manera de redimirse frente a un enemigo histórico. Fue el último coletazo de un régimen que había hecho todo mal y que buscaba legitimarse con la victoria. Curiosamente, la derrota sirvió para derrotar a la dictadura. La Guerra fue lo que provocó el vacío de poder que hizo que el gobierno militar cayera y tuviera menos fuerza para negociar su salida de unas instituciones que había violentado y manchado de sangre.

También sirvió para incrementar la desconfianza de los argentinos hacia las instituciones: los militares no sólo mandaron a centenares de jóvenes a una guerra absurda, sino que además se quedaron con los recursos que se enviaron para mejorar las condiciones en las que aquellos se encontraban. Por tanto, la dictadura no sólo nos mató, también nos robó, tanto el dinero como la confianza.

Este es un homenaje, mi pequeño homenaje, a los que murieron en esa guerra y a los otros que desaparecieron en manos del angel de la muerte, un personaje siniestro que fue el primero en pisar tierra de las islas Georgias del Sur en abril de 1982. Pero esta es otra historia y merece una columna propia.

Publicado en Tribuna de Salamanca en abril de 2007

viernes, marzo 30, 2007

Libertad de expresión

No corren buenos tiempos para la libertad de expresión, aún cuando sin ella es imposible vivir en democracia. Su ejercicio supone que las personas pueden expresar, por una pluralidad de medios, sus opiniones y preferencias y, al hacerlo, no les pasa nada. Ese es el corazón político básico de la democracia. Elegir y ser elegido, aunque también opinar y ser criticado.

En uno de sus últimos libros, el politólogo italiano Leonardo Morlino sostiene que una buena democracia es un régimen ampliamente legitimado y estable, que satisface completamente a sus ciudadanos (calidad con respecto al resultado); que tiene ciudadanos y asociaciones que gozan de libertad e igualdad por encima de mínimos (calidad con respecto al contenido) y los ciudadanos tienen capacidad de controlar si el gobierno trabaja efectivamente por esos valores con pleno respeto a las normas vigentes (rule of law); evalúan su eficacia en las decisiones y en la responsabilidad política de llevarlas a cabo (calidad respecto al procedimiento).

En algunos contextos, las posibilidades de llevar a la práctica una buena democracia se ve afectada por las acciones de algunos malos políticos. En ellas resulta más sencillo elegir y votar, que defender las ideas a través de mecanismos plurales. Esta semana, mis estudiantes de Procesos de Cambio Político de la USAL trabajaron juntos en un taller para desarrollar estrategias innovadoras que fomentaran la democracia en aquellos países autoritarios y/o democráticos donde pensaban que esos valores no estaban afianzados.

Sus propuestas fueron más que sugerentes: desde la creación de centros de desarrollo local para la capacitación comunitaria en países con pasado autoritario y presente incierto (como Somalia); programas de educación juvenil, que a través de juegos enseñaran a los niños los valores de la tolerancia, el respeto mutuo y el consenso (en Brasil) hasta una política de financiamiento para promover la libre expresión en países que se dicen democráticos pero que actúan frente a los ciudadanos de manera autoritaria y hasta represiva (como Bielorrusia o Polonia).

Estaban especialmente preocupados por Bielorrusia, donde su presidente Lukashenko –que gobierna de manera autoritaria desde 1994 y que ha sido denunciado por violaciones de derechos humanos-, ahora ha decidido limitar la lectura de los escritores clásicos bielorrusos en las universidades de su país. También en el gobierno polaco, que prepara una ley para perseguir a todo el que hable sobre homosexualidad en las escuelas y universidades, además de la Ley de Lustración, que obliga a miles de personas a confesar si colaboraron con la policía política del régimen comunista. La libertad de expresión está amenazada pero hay esperanza si los estudiantes identifican esto como un problema y dedican su tiempo a pensar cómo erradicar a los dictadores y a los malos políticos de las democracias contemporáneas.

Publicado en Tribuna de Salamanca en marzo de 2007.

domingo, marzo 11, 2007

Bush vs. Chávez

Desde los atentados del 11-S, la administración Bush se olvidó de su mal llamado patio trasero, se ocupó de manera errática de Irak y Oriente Próximo y se convirtió en mero espectador de lo que ocurría en América Latina. En los últimos meses de su segundo mandato, cuando los presidentes norteamericanos ya no tienen mucho margen para decidir grandes políticas, George W. Bush intenta recuperar el terreno perdido y realiza la visita más importante de sus ocho años de gobierno. Mientras tanto, otros actores hicieron los deberes (como China, India y Rusia) y fortalecieron sus vínculos económicos y políticos con los países latinoamericanos.

Tres temas parecen importarle a Bush en esta gira: a) dejar claro que su prioridad es Brasil, por sus intereses comunes energéticos y por su capacidad -junto a Colombia- de confrontar a Chávez; b) fortalecer a los gobiernos de izquierda moderada y c) hacer frente a la creciente influencia política y económica chavista en países como Cuba, Bolivia, Nicaragua, Argentina o Ecuador, que podría extenderse a Guatemala si gana Rigoberta Menchú las próximas elecciones presidenciales, lo que ampliaría la influencia venezolana a la frontera mexicana.

El suministro de petróleo a Nicaragua durante 2007, la constante asistencia económica a Bolivia y Cuba, el crédito por 500 millones a Ecuador o la nueva compra de bonos de Argentina muestran que la influencia económica venezolana es creciente. Pero eso no es todo. El hecho que Venezuela adquiera nueve submarinos confirma que éste país tiene una visión de la geopolítica un tanto preocupante para Washington así como también que busca convertirse en una potencia militar regional, con compras de armamentos que se asemejan a las de China, India y Pakistán.

La estrategia de Bush es apoyar a todo lo que no huela a chavismo, aunque no se tenga muy claro cuáles son sus posibilidades de éxito y sus resultados sobre la gobernabilidad de la región. Unos y otros presentan el conflicto regional de manera maniquea: todo el que no está con Washington, apoya a Chávez, y a la inversa. El éxito de Caracas-La Habana fue darse cuenta que, tras las políticas neoliberales del “Consenso de Washington” había otra vía, la de la asistencia social “barrio adentro”, para quienes viven en situación de extrema pobreza. Y aunque eso se combina con antiimperialismo, lucha de clases, autoritarismo y demagogia, a corto plazo genera mayores expectativas entre los beneficiarios de esos programas que se pagan con petróleo venezolano. En definitiva, tanto el clientelismo como la demagogia pueden poner en peligro los avances democráticos de la región. Y ya sabemos que después de todo liderazgo populista, queda tierra arrasada…

viernes, febrero 23, 2007

América Latina y la Universidad

El vínculo de la Universidad de Salamanca con América Latina no es nuevo. Durante siglos esta institución ha estado comprometida con lo que ocurre en los países latinoamericanos y con lo que le sucede a su gente. Hoy en día, la USAL es una opción clara para muchos estudiantes latinoamericanos, lo que se pone de manifiesto en el porcentaje de alumnos en los programas de Tercer Ciclo o en el número de intercambios en el primer y segundo ciclo a través del Programa de Estudios Internacionales.

Los hechos muestran que, aún cuando no se haga nada, el vínculo existe. Es una relación natural, más allá de la voluntad política. Es por estas óptimas condiciones de partida que Salamanca puede tener un papel mucho más activo del que ha tenido hasta el momento en la región, tanto en la formación universitaria, en el desarrollo científico o incluso en el apuntalamiento de un Espacio de Educación Superior común para los países latinoamericanos, emulando el espacio europeo y compartiendo las experiencias que se han desarrollado hasta el momento.

Resulta fundamental que la USAL cuente con un plan estratégico que permita maximizar todas las posibles vías de intercambio con América Latina. Para ello es necesario voluntad política y deseos de compartir (no imponer) las experiencias. Nos hace falta una agresiva estrategia de posicionamiento en el mercado educativo americano -del mismo modo que otras instituciones europeas lo vienen haciendo desde hace años-; incrementar la financiación de investigaciones con equipos de académicos latinoamericanos y mejorar los circuitos de intercambio de nuestros estudiantes y docentes tanto en el ámbito formativo como en el de la investigación aplicada.

Salamanca y América Latina están unidas por la historia y por el futuro, aún cuando algunos se pregunten si eso vale para algo y si esos intercambios son algo más que “turismo académico”, poniendo en duda los beneficios mutuos de una relación que en ningún caso debe ser excluyente. Salamanca debe explotar la pluralidad de sus vínculos y sus potencialidades con otros entornos regionales y otras opciones de inserción internacional. Sería un error sólo pensar en América Latina así como también no potenciar todas las oportunidades que la institución tiene en esa región.

Hoy la Universidad se juega muchas cosas, entre ellas, el papel que va a desarrollar en el futuro de los países latinoamericanos así como también el modo en que esta región estará presente en el futuro de la Universidad. ¿Será la USAL una activa protagonista de lo que ocurra en América Latina o dejará pasar la oportunidad una vez más? Para los que nos preocupa América Latina, que somos muchos en Salamanca, esto no es poca cosa.

Publicado en Tribuna de Salamanca en febrero de 2007.

domingo, febrero 11, 2007

Choque de trenes

El Presidente Correa arenga una y otra vez a los ciudadanos a que tomen las calles y vayan en contra del Congreso y del Tribunal Supremo Electoral. Sabe que su principal arma está en la presión que puedan ejercer sus partidarios y no en un Congreso hostil en el que no controla ni un solo escaño. Es una táctica para medir al Congreso. Sabe que su capacidad de perdurar en el gobierno está en la celebración de una Asamblea Constituyente o, por lo menos, en mantener viva la expectativa de su realización, aún cuando haya dudas sobre si este es el instrumento adecuado para generar gobernabilidad en el país.

Lo cierto es que el Congreso le hizo el juego a Correa o, simplemente, éste les dejo ser (y hacer). Sólo en 20 días los diputados nombraron a un fiscal poco recomendable, repartieron cargos entre familiares, súbditos y amigos, intentaron elevarse el sueldo en mil dólares y amenazaron con destituir a un Presidente que goza de alta popularidad. Aún cuando más del 70% de los legisladores son nuevos, suponiendo un nivel de renovación del Congreso sin precedentes, los diputados continúan con las viejas prácticas clientelares, caciquiles y de confrontación que hacen que la gente les rechace y sean la institución peor valorada según todas las encuestas.

La oposición no presenta ningún modelo alternativo al que propone el Presidente Correa. Partidos políticos deslegitimados ante la opinión pública por haber violado una y otra vez la Constitución, no necesariamente son los más adecuados para salir a defenderla. El problema está tanto hacia la izquierda como hacia la derecha. La ausencia de liderazgos claros en estas tendencias, hoy huérfanas de padres, y la escasa renovación de los partidos minan la posibilidad de una oposición fuerte que pueda poner frenos a los embates autoritarios contra las instituciones. Es más, suenan vientos de fractura en los partidos de derecha, particularmente por la presión de los gremios de empresarios que han visto cómo el triunfo de Correa es fruto del fracaso de las élites.

Correa encarna ahora mismo el rechazo a un sistema político corrupto, clientelar con élites bastante irresponsables. Los votos lo han facultado para ello. Sea que la gente realmente quiera acabar con los partidos, hayan votado asustados por lo que significaba el mesianismo religioso de Noboa o defiendan un chavismo bolivariano para el Ecuador, la cuestión es que los esfuerzos del Presidente cuentan con legitimidad electoral. O por lo menos es lo que piensa que le faculta para atentar de manera sistemática contra las demás instituciones, olvidando que en un sistema presidencialista como el ecuatoriano tanto el Congreso como el Presidente cuentan con la misma legitimidad de origen.

El Presidente habla en nombre de los ciudadanos olvidando que los diputados también les representan. Esto no es otra cosa que la famosa legitimidad dual a la que se refería el politólogo Juan Linz para referirse a las razones que llevaban a la quiebra de las democracias en los sistemas presidencialistas. Una vez más hay “choque de trenes”: un enfrentamiento que impide la gobernabilidad y tensiona al sistema político. Así, el gobierno de Correa puede hacerse más fuerte si sigue los consejos de su hermano venezolano y trastoca la separación de poderes mediante una nueva Constitución. La suya será la imposición de un modelo en un país donde la oposición parece estar haciéndole el juego y donde el ex dictócrata Lucio Gutiérrez no deja de beneficiarse. Pero esa es otra historia.

Publicado en Tribuna de Salamanca el 8 de febrero de 2007.

lunes, enero 29, 2007

Tortillas

La tortilla es la base de la alimentación de los mexicanos y aún más de los 18 millones de pobres que viven con cerca de tres dólares al día. Pero el maiz no sólo constituye el producto central de la comida; también resulta un punto sensible en materia política y social. Por ello, que haya subido de manera brutal el precio de la tortilla, en un escenario de caída del petróleo, sólo dos meses después de haber asumido Felipe Calderón como Presidente, no es poca cosa.

La dependencia de la economía a estos dos productos es sustantiva y por eso cualquier decisión que se tome sobre ellos puede afectar la gobernabilidad del país. Los signos de una inflación alta en el futuro inmediato parecen claros y la potencial intervención del gobierno en la economía también, aún cuando Calderón defienda medidas neoliberales. Su intervención sobre el precio del maíz le ha colocado en una situación complicada, sobre todo porque ganó la elección prometiendo empleo, en un contexto crítico, con claros cuestionamientos a su legitimidad y aún no ha conseguido erigirse como un árbitro entre actores sociales con intereses diversos ni como un líder capaz de conducir al país ni a su propio partido.

Las razones que han llevado al incremento del precio del máiz pueden ser múltiples. Pero hay una que me ha llamado la atención. Me contaba un amigo en el Bar de la Facultad de Derecho que la cuestión tiene que ver con la decisión de Estados Unidos de usar el etanol como aditivo. El abastecimiento de plantas de biocombustibles con granos de maiz, con la intención de reemplazar al petróleo, ha reducido el nivel de reservas de ese cereal en el país del norte y ha impactado en los mercados del que está al sur. Es más, desde 2005, cuando se tomó esa decisión, el precio ha crecido más del doble. Así que en el fondo es una clara situación de efecto rebote de un mundo globalizado: las medidas que toma un país afectan a todos y, claramente, a sus vecinos.

El Presidente Calderón se está jugando una parte del escaso capital político que tiene y aún queda por saber hasta qué punto será capaz de conseguir un pacto entre diversos sectores que le permita mostrar su habilidad para enfrentar y superar este tipo de problemas. La crisis de la tortilla ha dado en la diana de su capacidad de liderazgo . Si los sectores involucrados no respetan el precio tope puesto por el gobierno (8 dólares el kilo), será muy difícil que en el futuro se celebren pactos que impulse el Presidente.

México se enfrenta a los desafíos del sexenio foxista: cómo llevar adelante las reformas económicas y sociales necesarias con un gobierno que tiene minoría legislativa. La habilidad del Presidente para convocar y garantizar acuerdos será clave para poner en práctica esas reformas. Aún cuando la gobernabilidad del país dependerá del petróleo, del maíz, de la economía y la política norteamericana; el margen de maniobra que el propio Calderón y su partido consigan proyectar serán claves en un mundo cada vez más globalizado.

Publicado en Tribuna de Salamanca, el 25 de enero de 2007.